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lunes, 9 de abril de 2012

"Sherlock Holmes y la Sabiduría de los Muertos" de Rodolfo Martínez

(Reseña previamente publicada en MeLibro)

Ganadora del Premio Asturias de Novela en 1996, la obra de Rodolfo Martínez (múltiple ganador del premio Ignotus, tanto por novelas cortas como por relatos) es un hábil juego de recreación del universo holmesiano (que tuvo después continuación con otros tres títulos). Para la ocasión, además, Martínez invita a una selecta nómina de personajes, reales y literarios, a los cuales otorga papeles de cierta relevancia. Y el resultado, aunque solvente, es probable que no sea del gusto de los más puristas, pues el autor se inclina por una vertiente sobrenatural que le es bastante ajena al inmortal detective.


La novela se abre con un prólogo, en el que el autor establece su primer juego de complicidad con el lector, pues plantea el libro como un “texto original redescubierto”. Mediante una curiosa anécdota, se nos aclara que el contenido de la novela no es, ni más ni menos, que una serie de relatos escritos por el propio doctor Watson. Relatos de los cuales no se tenía noticia alguna hasta este momento. Además, como comprobaremos después, se nos advierte sobre la peculiar naturaleza de los personajes involucrados, así como de lo anómalos de los casos en sí.

El primer relato, el más largo y que da título al libro, nos sitúa en este universo muy-similiar-pero-diferente del clásico holmesiano. Aquí, Doyle es el agente literario de Watson: y refleja en la continua tensión entre Doyle y Holmes la peculiar relación que existió entre el autor real con su personaje. El segundo gran invitado en este caso es Lovecraft, aunque no se trata del famoso autor de Providence. De hecho, ese es quizás el borrón que estropea las esperanzas depositadas el libro. No en vano, la obra se presenta como un punto de encuentro entre los universos de Doyle y Lovecraft. Lo cual, si se ha leído “Sombras sobre Baker Street”, queda bastante alejado de lo que uno esperaría. En cualquier caso, no se debe considerar esto una razón para desestimar su lectura. Así veremos cómo se enfrenta Holmes a un extraño caso de asesinatos y múltiples suplantaciones de identidad (incluido el alter-ego que usara en la época de su supuesta muerte), que involucra a una emergente sociedad secreta europea y al objeto de poder místico que custodian. Sin alcanzar el paroxismo cthuluniano, los elementos sobrenaturales de la trama cumplen sobradamente con la intención de desafiar las capacidades deductivas de Holmes. Y, como no podía ser de otro modo, disfrutaremos viendo cómo el genio será capaz de sobreponerse incluso ante la solución más irracional.

Los otros dos relatos que conforman el libro (incluidos en esta edición, pero publicados de forma independiente con anterioridad) tienen igualmente invitados “de campanillas”: cierto asesino en serie de Whitechapel, el conde Drácula y el doctor Van Helsing. Precisamente es el relato de la caza del vampiro el menos “canónico”, pues se entremezclan los diarios de Watson y John Seward. Curiosa combinación, mediante la cual vemos retratada la relación Holmes-Watson desde la perspectiva de un tercero (e igual ocurre con Van Helsing y su colega).

Como ya he señalado, “La sabiduría de los muertos” supone un hábil juego de realidades entretejidas. Y aunque el autor se permita la licencia de reunir a personajes literarios dispares con otros históricos, no es menos cierto que las encarnaciones de Watson y Holmes resultan totalmente familiares. La voz del doctor es esa con la que hemos disfrutado tantos casos anteriores, y la extravagante conducta del detective asesor no palidece con las del pasado. El encanto recae entonces, no tanto en la ajustada reconstrucción de los habitantes de estas historias, si no en el destino que imagina para ellos más allá del tiempo en que transcurre el caso.

2 comentarios:

  1. Cuando leí este libro tuve, por momentos, la sensación de que tomarse demasiadas licencias pesaba levemente sobre el conjunto, dentro de que Rodolfo Martínez escribe muy bien.

    Ahora es precisamente ese desparpajo lo que me hace recordarlo con más cariño.

    Saludos.

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  2. Yo lo he leído "por obligación" para un club de lectura (al que creo que debería hacer más promoción por aquí, a ver si así aumentan sus miembros). En cualquier caso, mi referencia previa (como ha quedado claro) era "Sombras sobre Baker Street", así que lo de las licencias artísticas ya lo asumía.

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