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martes, 28 de febrero de 2012

Aventura Hiperbreve

Aunque comenté mi reticencia a enfrentar la narración a pequeña escala cuando hablé del concurso de Microrelatos de Melibro, el premio que ofrece la web Espada y Brujería me ha hecho aventurarme fuera de mis habituales espacios de trabajo.


El concurso que han organizado ofrece Ocho volúmenes de Harry Dresden, al mejor microrelato de fantasía sobrenatural urbana que incluya a un mago en la historia. Sólo he leído un ejemplar de la colección, dedicado a mis siempre admirados licántropos, pero estoy seguro de que teniendo esos libros a mano acabaría por hincarles el diente. Para la ocasión he reutilizado un viejo relato de fantasmas del que apenas han sobrevivido unas líneas, todo sea dicho.

Los relatos participantes se están colgando en la página de Espada y Brujería en Facebook. Los finalistas serán los quince que obtengan más "Me Gusta", lo cual no deja de ser bastante poco objetivo, pero es lo que hay. Si alguien tiene curiosidad, puede leer mi obra aquí.

Si además alguno está interesado en participar, puede consultar las bases aquí.

jueves, 23 de febrero de 2012

Recordando la Vieja Magia del Teatro

Hace unos días, fui a ver la representación que en Madrid se está haciendo de "Drácula". Y la experiencia me obliga a homenajear su esfuerzo en este artículo.

Si digo que el resultado devuelve al asistente a la experiencia de ver teatro a principios del Siglo XX, probablemente me estaría excediendo y creando falsas expectativas. Sin embargo, ver esta representación me hizo darle vueltas a lo que había leído sobre el éxito de su versión original. No en vano, el montaje se basa en el escrito por Hamilton Deane en 1924; Primera versión teatral del "Drácula" de Stoker, con la cual Bela Lugosi comenzó su carrera en la interpretación del vampiro por antonomasia. Y estoy casi seguro de que la mayoría de trucos que vi se llevaron a cabo con los mismo procedimientos de hace un siglo.

Por eso, haciendo un pequeño esfuerzo alcanzo a entender el espanto y la maravilla que pudieron causar en aquellos espectadores las repentinas apariciones del Conde Drácula en el escenario. Principalmente, en la obra se sirven de efectos ópticos "clásicos" (por no decir decimonónicos): ilusiones con juegos de espejos, trampillas ocultas y niebla artificial (ésta última, imagino, imposible en aquella época), pero el efecto sigue dando resultado. Aunque, eso sí, no tanto como para imitar la petición de Deane para que el teatro dispusiera de una enfermera, con la única misión de aplicar sales a aquellos espíritus más sensibles que no soportaran la emoción (según estadísticas de la época, una media de diez personas por representación).

instantánea de una representación de Drácula, con Lugosi, en 1951

Cierto es que, a un admirador confeso del Drácula de Coppola, el terror que pudiera infundir queda reducido en la actualidad a una sensación casi naïf. De hecho, a excepción de los sobresaltos que puede provocar aún la repentina aparición de un actor en medio del patio de butacas, para un espectador criado en la generación del cine tales trucos nos causan más curiosidad que miedo. Pero, aún así, reconozco que hubo dos escenas que me parecieron especialmente sobresalientes. La primera, con Mina dormida y el escenario poco menos que en tinieblas, comienza al aparecer una nube de niebla que acaba por ocultar el fondo. Momento en el cual la mano de Drácula surge de la nada junto a su víctima. Probablemente la imagen en que queda mejor reflejado el instinto depredador del vampiro.

Casi al final llega el otro gran truco del montaje: con Drácula acorralado y el amanecer alboreando, nos obligan a desviar la mirada al otro lado del escenario. Sólo un segundo. Y para entonces el Conde se ha desvanecido. Nada. Un lugar vacío. Evidentemente, se debe tratar de algún artificio en el decorado, pero me fascinó. Y cien años atrás, seguro que dejó unas cuantas bocas abiertas contemplar los poderes de lo sobrenatural hechos realidad frente a los ojos.

Así pues, espero que este breve texto haya servido para dejar patente mi admiración por esa "magia" del teatro, capaz aún de sorprender a quien se sienta en una butaca en la era del retoque digital, el croma y los personajes creados por ordenador. Ojalá que nunca se extinga ese encantamiento.

lunes, 13 de febrero de 2012

Calentando el Teclado

Mi último proyecto sigue adelante. Y aunque mantengo activado el modo "moderadamente optimista", sigo incrementando el número de páginas del manuscrito día a día. Lo cual me lleva al título de este post.

El hecho es que, si bien queda aún un buen trecho antes de que la novela "cobre cuerpo", el volumen de texto acumulado me obliga a considerar el siguiente paso en el proceso de escritura: comenzar a sentarme delante del ordenador e ir tecleando. La experiencia personal me dice que, si espero a tener el manuscrito terminado, el proceso se vuelve bastante tedioso ("El Secreto de los Dioses Olvidados" me enseñó que hay pocas cosas como tener que pasar a limpio varios miles de palabras, e ir haciendo una primera reescritura al mismo tiempo).

Por otra parte, el hecho de poder disponer del texto impreso siempre es motivo de ánimo. En mi caso, por pocas páginas que sean, personalmente me hace sentir que el manuscrito está más cerca de ser publicado. Así pues, a partir de esta semana me toca ir compaginando la creación de nuevos pasajes con la tarea de "escriba" (lo de la reescritura lo dejo para cuando tenga todo el texto impreso).

¡¡Hasta pronto con, espero, nuevas y mejores noticias!!

viernes, 3 de febrero de 2012

Concurso Melibro: Ganadores

Con un poco de retraso, me hago eco de los ganadores del II Concurso de Microrelatos de Melibro.

Los galardonados, y sus obras, se hicieron públicos el día 31 de Enero. Y, para mi pesar, ninguno de los relatos que seleccioné (de entre los que se me enviaron para evaluar) ha logrado el premio. Ya comenté que uno de ellos estuvo en la lista de finalistas, y ahora creo que ya puedo hacerlo público: mi favorito fue Phantasma, que me ganó gracias a su tono humorístico. Y teniendo en cuenta cuál ha sido el vencedor definitivo, parece que pudo haber llegado más arriba.

Ya conté (aquí) que me fue bastante difícil hacer la elección al ejercer como jurado. Y aunque al ver esa lista de finalistas lamento no haber podido leer con antelación otras obras, espero que en Melibro sigan contando conmigo en futuras convocatorias (al menos, mientras yo me sienta negado para el microrelato).

imagen de Adam Hugues (quién mejor que campanilla para un microrelato)

"La Espada Rota" de Poul Anderson


(Reseña previamente publicada en "Melibro")

En 1954, la fantasía épica tuvo la suerte de añadir dos títulos al género: “La Espada Rota” y “El Señor de los Anillos”. Este sencillo dato, recurrente en muchas reseñas de la obra de Anderson, alimenta una inmediata necesidad de comparar los dos textos. Contraste obligado, pues uno y otro parten de premisas similares: la reutilización de mitologías clásicas para dar forma a lo fantástico en sus respectivos universos. Las diferencias entre la trilogía Tolkieniana y el libro de Anderson puede reducirse, sin embargo, a una mínima expresión: mientras “El Señor de los Anillos” reelabora esas mitologías para forjar un mundo de fantasía nuevo, “La Espada Rota” busca una versión cuasi literal y así recrear el mundo sobrenatural de la Europa medieval. Cuál de las dos opciones resulta ganadora queda al gusto del lector.

En cuanto a Anderson y su obra, es importante hacer notar que “La Espada Rota” se trata de una novela “de juventud”. Y que el género escogido lo fue, supongo, por sus raíces danesas (aunque nacido en los USA, sus padres eran de Dinamarca y allí vivió durante unos años). Resulta curioso también que no perdió de vista esas “raíces” en obras posteriores y, veinte años después, se le reconoció el talento para la recreación medieval con un galardón por su “Saga de Hrolf Kraki”. Premio para un talento capaz de manejarse en muy diversos géneros.


Sobre la novela propiamente dicha, hay que empezar por insistir en su pretensión de emular las sagas nórdicas y las leyendas de los pueblos escandinavos. La trama se desarrolla en la zona de influencia histórica de los vikingos, entre Dinamarca e Inglaterra, mezclando este mundo en proceso de evangelización con el “plano faérico”, invisible a los hombres, donde conviven las criaturas propias de ese folklore. Y aquí es necesario pararse un instante, y elogiar la forma en que Anderson insufla vida a tales seres. Por un lado, ubica a todos ellos en parajes que evocan la naturaleza de sus ocupantes mediante la maravilla o el horror. Descripciones grandilocuentes (sin llegar a los extremos de exhaustividad de Tolkien) nos ponen ante los ojos de la imaginación escenarios imposibles. Y tampoco escatima adjetivos a la hora de describir las peculiaridades físicas de esas entidades sobrenaturales. Pero, y esto es importante, no hay cabida para los estereotipos de “buenos” y “malos”. Los elfos son capaces de saquear, intrigar o mostrarse vengativos sin reparos, mientras que los trolls, aunque salvajes, lloran a los familiares torturados y se aprestan a la guerra para evitar su extinción. El resultado es una recreación no sólo “visual” si no también psicológica de estas criaturas, tal y como podían imaginarlas en los primeros siglos de la Edad Media. Respondiendo a la forma en que los vikingos proyectaron su sociedad, fatalista y sangrienta, en un panteón mitológico. Eso sí, es curioso ver cómo se las apaña Anderson para involucrar en la guerra entre trolls y elfos a criaturas de otras regiones geográficas (djinn incluidos), o la aparición de los Tuatha Dé Danann para ayudar al héroe principal.

En cuanto a los protagonistas, y a pesar del título, la obra podría (o debería) subtitularse como “La Saga de Skafloc”, pues así nos lo señala Anderson en el corolario final. Y así, como las sagas nórdicas de las que bebe, nos empieza narrando cuál es la genealogía del héroe: hijo de Orm el Fuerte, un vikingo contrario a aceptar el cristianismo, serán los violentos actos del padre los que provoquen el funesto destino de Skafloc. Esta herencia le hará objetivo de una maldición lanzada en el pasado, e ignorante de tal hecho recorrerá el sendero trazado por ese oscuro designio (del que los propios dioses son partícipes). Así veremos cómo es arrebatado por los elfos cuando sólo es un recién nacido, sustituido por un doble creado mágicamente y criado en el plano faérico. Cómo Odin le regala una espada mágica “para usarla en un momento de gran necesidad” y, cuando estalla la guerra con los trolls, acabará por empuñarla. Cómo su felicidad con la muchacha que salva de la muerte se torna en desgracia. En definitiva, cómo va encaminándose poco a poco (y sin saberlo) hacia la tragedia.

El otro protagonista mortal de la historia es Valgard, el gemelo creado por los elfos a semejanza de Skafloc, convertido con el paso de los años en su reflejo oscuro. Se nos presenta como un ser feroz, poseído por la furia del “berserkr”, al cual elegirá el bando afrentado por Orm el Fuerte para ejecutar su venganza. A partir de ese momento, la dualidad enfrentada de Valgard y Skafloc se acentúa, pues al primero le torturará por siempre el conocimiento de su naturaleza monstruosa mientras el segundo se angustia porque dioses y elfos le auguran un trágico destino a causa de lo que ignora: cuál es su origen. El conflicto lleva a Valgard a acabar con la estirpe de Orm para después, como un monstruo de Frankenstein medieval, buscar al elfo que le creó y causar su ruina como aliado de los trolls. Lo cual hará que el hijo robado y el engendro sustituto acaben enfrentándose a muerte.

imagen de Boris Vallejo para una de las ediciones de la novela

El último personaje de la trama, por importancia, es la espada que da nombre al libro. Tyrfing llega a la obra de Anderson directamente de las mitologías escandinavas originales, con su tipología de arma maldita a cuestas. Precursora de la Stormbringer de Elric de Melniboné, debe matar al desenfundarse y se regodea en esta tarea. En ella se ejemplifica el término “regalo envenenado”, pues todos reconocen la maldad imbuida en este objeto (entregado por Odin, hay que recordarlo) y le advierten continuamente a Skafloc que no debe reforjarla por más poderoso que pueda hacerle. Pero el ahijado de los elfos está atado a su sino, y cada hazaña que realiza sólo le acerca un poco más a cumplir con la maldición que acarrea su arma.

En resumen, animo a cualquiera a leer "La Espada Rota". Pero no como un libro de "fantasía épica" al que se nos suele tener acostumbrados, si no a una forma "de transición" entre los relatos mitológicos nórdicos y la novela épica contemporánea. Y un último dato a reseñar para quienes sientan la tentación de embarcarse en esta aventura a los mundos invisibles para los mortales: la edición “más buscada” de este libro la publicó Anaya, en su colección Última Thule, en los 90. Resulta recomendable por el glosario de términos, la traducción y una peculiar tipografía que rememora a la vista la caligrafía medieval. Edición que, por cierto, corresponde a la "reescritura" que el propio Anderson realizó en 1971, cuando se le propuso volver a publicar la novela.

miércoles, 1 de febrero de 2012

Otros Autores: Manuel Buil

El autor que abre el fuego en esta nueva "temporada" de Otros Autores es Manuel Buil, quien ha encontrado tiempo más allá de la carrera docente para dar rienda suelta a su fantasía y buscarse un hueco en la Ciencia-Ficción española. Hay que reconocerle una tenacidad encomiable pues, tras tener que aventurarse con la autopublicación para sacar adelante su primera novela, logró la confianza de Grupo AJEC para poner en negro sobre blanco El Triángulo D.


Esperemos que no se canse de escribir, porque la ficción especulativa no es un campo en el que florezcan buenos talentos y las críticas le reconocen un peculiar sello humorístico que le puede hacer destacar. De nuevo, bienvenido a esta sección y muchas gracias por aceptar esta propuesta.

1. Cuando pensaste en publicar por primera vez, ¿Qué te motivó a hacerlo?
Algo había escrito antes, pero la primera novela partió de una película descabellada que se me ocurrió durante una memorable noche de fiesta con unos amigos, antes de tener hijos, cuando aún tenía vida propia... Después de escribirla pensé que no estaba tan mal, que tal vez merecía la pena moverla...

2. ¿Cómo ha sido, hasta ahora, tu experiencia en el mundo editorial?
La primera novela (Los sueños del Canciller) fue una autoedición en Librosenred.
La segunda (El triángulo D) la publiqué en AJEC, editorial que me ha reeditado en digital “Los sueños...” La experiencia puedo clasificarla de buena. Imagino que eso depende de las expectativas que tengas, de lo alto que te pongas el listón. En mi caso partía de unas expectativas prácticamente nulas, nunca me he considerado un escritor, sino alguien que ha escrito algún libro. De modo que resulta muy difícil sentirme defraudado.

3. ¿Dónde buscas la inspiración para tus obras?
En mis lecturas favoritas, en el cine, en la realidad política y social que vivo, en mi círculo de amistades... Mis dos novelas pueden clasificarse de Ciencia Ficción, pero no nos engañemos; están empapadas de divulgación científica y de sátira sobre el presente.

4. ¿Cuál es tu medio favorito? ¿El relato o la novela?
Novela. Contar una buena historia en unas pocas páginas me parece todo un arte, y yo no lo tengo; no me siento capacitado.

5. ¿Cuánto te han influenciado tus estudios y /o tu profesión a la hora de escribir?
Mucho. Mis lecturas habituales son ensayos científicos y filosóficos. Todo eso aparece de un modo u otro en los dos libros que he publicado. Respecto a mi trabajo, escribir representa una especie de válvula de escape. Me explico. Trabajo de profesor en un instituto y ya sabes, hay que ser políticamente correcto. De manera que en las novelas puedo volcar todo el humor y toda la incorrección que no me atrevería a soltar en mis clases.

6. La pastilla azul hace que seas un Best-Seller mundial. La pastilla roja hace que te estudien en la escuela cuando pasen los años. Tú eliges....
Buff. Las dos me suenan a situaciones imposibles; ni siquiera soy capaz de imaginarlo... Quizá me quedaría con la pastilla azul. El presente es el presente.

7. ¿Tienes alguna rutina diaria para escribir, o te dejas llevar?
No escribo a diario. Cuando se me ocurre alguna imagen, alguna situación, algún chiste lo apunto. Pero no me siento a escribir en serio hasta que tengo la película bastante acabada en mi cabeza. Luego todo es rápido.


8. ¿Hay algún manuscrito que guardes en un cajón porque aún no lo consideres suficientemente bueno?
Sí. Para escribir necesito tranquilidad y tiempo libre. Mi actual situación familiar y laboral no me permite ni lo uno ni lo otro, así que esto de escribir lo tengo bastante aparcado.

9. Algo que puedas contar sobre tu último proyecto literario...
Cerrar la Trilogía del Canciller.

10. ¿Qué libro rescatarías a toda costa de tu biblioteca?
El relojero ciego de Dawkins.

11. Qué te falta por hacer ¿Plantar un árbol? ¿Tener un hijo?
Jajajaja... Tengo dos hijos y árboles, habré plantado miles; es una rutina que repito desde hace más de quince años. Coger bellotas en otoño, sembrarlas y repartir los plantones entre mis alumnos. En todo caso me falta, no sé... montar en globo o algo así. Y sobre todo viajar. Viajar mucho más.

12. ¿Con qué escritor te gustaría coincidir en un ascensor? ¿Qué le preguntarías?
Con García Márquez. Le preguntaría si su tremenda fluidez y brillantez escribiendo ha sido algo genético o si requirió entrenamiento.

13. ¿Edición tradicional, o edición digital?
No lo sé. Regalar un libro en papel es algo mágico. O dedicárselo a alguien. Aunque está claro que eso es el pasado.

14. Aparte de escribir, ¿practicas alguna otra disciplina artística?
En su día dibujé cómic y también toqué la guitarra. Ya se sabe, aprendiz de mucho...

15. ¿Qué expectativas tienes, a nivel literario, a partir de ahora?
Cuando tenga algo que merezca la pena, ya se verá. De momento ninguna. En esta vida hay que ser pesimista; así los fracasos no te defraudan y en cambio disfrutas enormemente de los éxitos.