Aún no eres un seguidor del blog?!

jueves, 24 de abril de 2014

Los consejos de los maestros

En principio, no se puede decir que sea muy dado a servirme de manuales a la hora de escribir. Siempre he considerado que uno acaba asimilando los temas que le interesan de aquellos autores que más le gustan, y que pasa lo mismo con el estilo: de forma voluntaria o involuntaria, se imitan "gestos literarios" de aquellos que nos causan mayor admiración. Usando una referencia personal, sería como los dibujantes aficionados que se inician en el mundo del cómic; uno empieza copiando al autor que más le impresiona con sus imágenes y, con el paso del tiempo, acabas desarrollando tu propio estilo (sujeto a las limitaciones de tu capacidad artística, tu creatividad, y el afán que le pongas).

El caso es que, cuando Alamut anunció que publicaba Cómo escribir Ciencia-Ficción y Fantasía de Orson Scott Card, me surgió la curiosidad por saber qué consejos tenía el creador de Ender para los aspirantes a escritor; y, durante mi periplo por tiendas para hacerme con un ejemplar del libro, volví a escuchar muy buenos comentarios sobre el Mientras escribo de Stephen King. Curiosamente, no se puede decir que sea un fan incondicional de ninguno de los dos. Las obras que más me gustaron de ambos las leí en la adolescencia, pero posteriormente no he sentido la misma sorpresa y admiración cuando he atacado títulos suyos más "recientes". El Juego de Ender, por ejemplo, me dejó impresionado hasta el punto de que su protagonista se convirtió en uno de mis héroes favoritos. Y aún considero que las historias más interesantes de King están entre Carrie, Ojos de fuego, La larga marcha, y La zona gris. Pero, incluso a pesar de ese asomo de decepción, el talento que demostraron para crear aquellas obras hace que les siga respetando. Así que acabé con estos dos manuales para escritores entre las manos, y preguntándome cuántas de sus recomendaciones me llegarían demasiado tarde.

Centrándonos en los libros, lo primero es delimitar los diferentes parametros bajo los que se ha planteado su concepción: King se limita a narrar su propia experiencia profesional, desarrollando una breve autobiografía y describiendo luego los métodos propios a la hora de escribir; Card, sin embargo, se embarca en una descripción general del género y las cualidades que deben poseer las obras para ser adscritas a él, además de repasar un listado de "buenas aptitudes" para el aspirante a escritor profesional.


Mientras escribo, como ya he dicho, viene a ser una visita virtual al estudio de Stephen King, en el que el genio de Maine nos cuenta su vida antes de explicarnos cómo desarrolla su labor creativa. En ese sentido es una obra bastante amena, e impresiona descubrir la familiaridad con que desgrana ciertos avatares oscuros por los que ha pasado: el alcoholismo desde una edad temprana, transformado luego en adicción a varias drogas; o el accidente cuasi mortal (narrado como si fuera la escena principal de alguna de sus novelas) que cambió radicalmente su vida.

La parte dedicada a los futuros escritores desglosa de modo sencillo las rutinas de trabajo de King, además de explicar los aspectos en los que él mismo hace hincapié mientras redacta sus libros (acompañado de algunos ejemplos en los que se vale de los manuscritos). En mi opinión, y siendo un escritor bastante menospreciado en algunos círculos, es interesante la atención que pone sobre los aspectos estilísticos de su prosa. 


Como escribir Ciencia-Ficción y Fantasía, por su parte, hace honor a un título con mucha más vocación de ensayo sobre el género y las herramientas del escritor. Card no tarda en exponer pormenorizadamente los orígenes de la ci-fi, las características básicas que definen la literatura especulativa o de fantasía, y su desarrollo hasta la actualidad. El inicio del libro constituye, como se puede deducir, un tratado básico sobre qué es la ficción fantástica y cómo se han establecido los estereotipos que la definen.

El libro se extiende después en varios de esos elementos "propios del género", usando ejemplos de otros autores para explicar cuál podría ser una forma magistral de uso de los mismos. De entre los más importantes, destacaría sus recomendaciones sobre cómo introducir los conceptos "ficticios" en la narración, la importancia de crear la "suspensión de incredulidad" en el lector, o el apartado en el que propone distintos tipos de magia y cómo se debe tener en consideración que un elemento "estético" también puede poseer implicaciones de fondo en el mundo y los personajes que hemos creado. Una advertencia muy clara para que el autor de ficción no se olvide de dar coherencia al mundo que está presentando.

Por supuesto, ambos libros incluyen varios pasajes en los que se insiste en la importancia del trabajo diario y la constancia para quien sueña con ser "escritor en mayúsculas". De la manera más clara y honesta posible, tanto King como Card le explican a cualquiera lo complicado no sólo de llegar a alcanzar la cima, si no de mantenerse allí. Ni un sólo resquicio se le concede al a visión romántica de esta profesión, para que nadie se llame a engaño. Y, personalmente, creo que es de las aportaciones más importantes que se puede hacer a un texto de estas características. Consejos como el de "procura tener un trabajo que pague tus facturas, porque los libros es difícil que lo hagan", son la mejor manera de abrir los ojos a los aspirantes a grandes escritores del futuro.

Como detalle curioso, apuntar que Alamut (no sé si imitando a la edición original) ha añadido al final del texto una serie de breves entrevistas a autores nacionales y extranjeros del género (Jose Carlos Somoza, Sapkowski, Elia Barceló...), insistiendo en varios de los aspectos comentados anteriormente. Y ahí podemos ver de nuevo la importancia de la constancia, así como una muestra palpable de que "cada maestrillo tiene su librillo".

Mi recomendación final es que se lean ambas obras. No como un manual, si no como una ayuda a la que acudir en momentos de duda para servirnos de sus consejos. Aunque, eso sí, conviene proveerse de post-it y lápiz (o bolígrafo) para tener bien marcadas esas perlas de sabiduría cuando queramos consultarlas en el futuro.


lunes, 21 de abril de 2014

Sorpresa!!! Invitado a Sant Jordi!!!

Por si el 2014 no estaba siendo suficientemente pródigo en buenas noticias y nuevas experiencias, en breve podré añadir otra muesca a mi lista de "eventos literarios"

Obviamente, como ya dice el título del post, he sido invitado a participar en una sesión de firmas durante las fiestas de Sant Jordi. Una propuesta que le debo agradecer a un par de amigos, puesto que al saber que pensaba acudir a Barcelona (con la única intención de saludar a los conocidos que tengo allí), empezaron a mover hilos para darme esta sorpresa. Una gran alegría, ya que la fiesta del 23 de Abril resulta impresionante.


¿Datos sobre el evento? La sesión de firmas tendrá lugar en la tienda de Generación-X en Barcelona (Plaza Tetuán, 10), a partir de las 13:00 y hasta las 14:00, con una pila de ejemplares de Ácronos 2 lista para ser firmada por aquellos que quieran acudir (aunque, si son los afortunados propietarios del primer volumen de Ácronos, o incluso de El Secreto de los Dioses Olvidados, no les haremos de lado y se los dedicaremos también). 

Así pues, el 23 de Abril os espero para pasarlo bien y conocernos "in person". ¡Nos vemos!

jueves, 17 de abril de 2014

"¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas?" de Philip K. Dick

Es probable que, cuando Philip K. Dick presentó esta obra en 1968, hubiera más de uno y más de dos que le dieran la razón en las catastróficas previsiones que postulaba. Y eso, a pesar de que la distopía de Dick se ubicaba en un futuro tan cercano como 1992, sólo 24 años después.

Sin embargo, si uno se plantea cuál era la situación socio política en aquel momento y recuerda algunos de los hitos históricos que habían tenido lugar durante la década de los 60, no cabe duda que la impresión de que el mundo estaba cambiando a una velocidad vertiginosa debía ser común a todos los habitantes de la Tierra. No en vano, el hombre había logrado en menos de diez años salir al espacio y acercarse a la Luna, convirtiendo en común las fantasías sobre colonias extraterrestres (de hecho este año es el del estreno de 2001: Una odisea del espacio); Y, tras la crisis de los misiles de Cuba, el riesgo de una guerra nuclear mundial era una amenaza muy tangible con la que todo el mundo se había visto obligado a convivir. Así que, ¿por qué no imaginar que la Guerra Fría iba a acabar desencadenando un desastre global más pronto que tarde, obligando a la humanidad a abandonar el planeta?


Los fans de Blade Runner puede que crean conocer la trama de la historia: Rick Deckard, un experto cazador de recompensas especializado en "retirar" androides, se arma de todos sus talentos cuando acepta la misión de acabar con un grupo de estos seres sintéticos, dispuestos a cometer horribles crímenes para mantener su libertad. Todo ello aderezado de dudas filosóficas sobre la esencia de la humanidad, por supuesto. Pero, en realidad, esta sinopsis apenas araña la superficie del drama psicológico que sirve Dick en sus páginas. Y esa es la mayor sorpresa que se encuentra el lector que llega a la novela desde la película. Porque Ridley Scott, al final, apenas tomó algo más que los decorados de ese mundo devastado; aparcando mucho del trasfondo psicológico para centrarse en el elemento de suspense. De modo que los primeros capítulos de ¿Sueñan los androides...? suponen chocar contra un muro de desesperación y fatalismo que obligan al lector a olvidar de raíz las ideas preconcebidas que pudiera haberse hecho sobre el contenido del libro.

¿Qué nos aguarda, entonces, tras la portada del libro? Pues ni más ni menos que una Tierra devastada por un conflicto nuclear, de cuya superficie ya han huido todos aquellos que se lo podían permitir y además tuvieran el permiso de la ONU para hacerlo. Porque, a todos los efectos, el planeta ha acabado convertido en una prisión para cualquiera que haya sido afectado por la contaminación radioactiva. Y su condena es permanecer en él hasta que mueran, testigos de la extinción de la humanidad y, de paso, de todas las formas de vida existentes.

Imaginemos por un segundo lo que supone este hecho, porque ahí reside una de las bases principales del fatalismo que exuda la novela: los humanos de la novela constituyen la última generación que habitará la Tierra. ¿Cómo puede alguien levantarse cada mañana para ir a trabajar, sabiendo eso? La respuesta de Dick son las drogas. Eso sí, en una versión socialmente aceptable: el Órgano de Ánimos Penfield, una máquina programable para provocar estados de ánimo muy concretos en cada sujeto (todos ellos positivos). Gracias a este artefacto (que recuerda las funciones del Soma de Un Mundo Feliz), cualquier persona puede inducirse una satisfactoria y positiva percepción (artificial) de la realidad que le rodea. 

Sin embargo, y por si esto no era suficientemente aterrador, aún hay otro drama al que enfrentarse. Y es el de la soledad que afecta a todos. Ninguna escena refleja esto mejor que el momento en que la esposa de Deckard le refiere la angustia que le causó percibir el vacío en el edificio donde viven. Esa revelación resulta desgarradora, al hacernos imaginar unas ciudades que van quedando despobladas de modo sistemático sin que se pueda hacer nada por evitarlo. Un mundo postapocalíptico en el que los protagonistas adquieren tintes de personajes de un survival horror. De hecho, en la novela se comenta la existencia de poblaciones nómadas que vagabundean por los Estados Unidos para esquivar la nube de residuos radioactivos que flota sobre el país, y cómo la gente procura reunirse en ciertos puntos para poder reconfortarse al sentir la presencia humana. Una necesidad que se sublima en el concepto del Mercerismo, movimiento mesiánico que se sustenta en el uso de otra máquina, mediante la cual las consciencias de distintas personas pueden unirse y compartir experiencias. Amén de estar implicado en la obsesiva búsqueda por mostrar empatía que acosa a todos (y que gira en torno a la posesión y la demostración de cariño hacia los animales, aunque sean falsos).

Pero, como si a Dick no le bastase con todo lo anterior, introduce en este ambiente de inexorable decadencia a los androides: una imitación de vida que no siente ningún apego más que por sí mismos. Quizás la parte más oscura de la trama sea esta, puesto que la justificación del oficio de Deckard (eliminar androides fugitivos) no encuentra una respuesta adecuada a la pregunta ¿Por qué escapan a la Tierra? ¿Qué podría atraer a ninguna forma de vida, aunque sea artificial, a un mundo que agoniza? Esa paradoja es aún mayor que la pregunta que nos propone el libro en su título.

De hecho, la presencia de los "andrillos" parece destinada tan sólo a potenciar el dilema de los protagonistas: la incapacidad de los humanos para reconocerse como tales (recordemos que una de las razones para mantener a los habitantes de la Tierra dentro del planeta es que no son aptos para la reproducción). Lo cual, al final, puede que constituya la gran interrogante que plantea Dick al lector: ¿Qué será lo que defina las barreras entre lo que es humano y lo que no, cuando seamos capaces de crear inteligencias artificiales con recuerdos, sueños y emociones? ¿Cómo saber que realmente se es humano, y no una "imitación"? Y puede que la solución sea justo lo que propone el Mercerismo. Aferrarse a los valores morales que nos hemos apropiado como especie, al catalogarlos como "humanos". Practicar la empatía hacia otros seres vivos, rechazar a quienes son egoístas, no matar... todas las cualidades, en fin, que se suponen que nos hacen mejores como especie y evitan que nos consideren "inhumanos".

jueves, 10 de abril de 2014

Cuando publicar no es un premio

Pongámonos en situación. Rastreando por internet, nos topamos con las bases de un concurso literario que llama nuestra atención. La temática se adapta a nuestro estilo, hay tiempo de sobra para redactarlo con calma, e incluso puede que ya tengamos escrito algo cuya calidad nos convence. Así que, tras meditarlo un poco y llenarnos de muchas ilusiones, acabamos enviando nuestro relato al concurso.

Hasta aquí, se trata de una situación corriente para cualquier aficionado a escribir. Sin embargo, la cosa empieza a cambiar meses después (cuando puede que ya hasta nos hayamos olvidado del concurso). De pronto, recibimos un correo de la organización para felicitarnos por nuestra suerte: No hemos ganado (lo cual no es una novedad), pero han decidido aceptarnos entre la selección de los mejores relatos enviados. ¡Y eso significa la posibilidad de ser publicado en una recopilación! Parece que nuestro esfuerzo será compensado, al fin y al cabo.

Y es en este momento cuando todo se complica: tras esperar ilusionado a que la organización te de nuevas noticias, cuando por fin vuelven a escribirte resulta que aparecer en esa recopilación será más difícil de lo que pensabas. O, mejor dicho, más costoso. Porque el correo te informa de que, si quieres ver tu obra impresa, debes comprometer a comprar uno (o varios) de los ejemplares. Por supuesto, tu intención ya era adquirir alguno para regalarlo; pero esto de que te obliguen... No suena nada bien.

(¿es necesario explicarlo mejor?)

En cuanto te hacen una propuesta así, debes valorar muy seriamente por qué querrías seguir adelante. Sobre todo, porque si eres de los que piensan "al menos habré publicado", estarás pasando por alto un detalle importante: muy probablemente, los únicos ejemplares que se vendan de esos libros acabarán en las casas del resto de participantes que pensaron como tú. Y las posibilidades de que se anuncie en algún sitio que el libro existe, que se haga una reseña, o de que lo lea alguien fuera del grupo de los concursantes y sus familiares, tienden a ser nulas.

De hecho, ni siquiera puedes confiar en que la editorial haga un buen trabajo con el libro. Llegados a este punto, que se te impongan esa clase de condiciones significa que TODO es un montaje para que una editorial de autoedición haga su Agosto a costa de los que pensaron "al menos habré publicado". Y si aceptas, estarás obligándote a pagar por un libro del que no vas a obtener ningún beneficio (económico o profesional), ya que sólo va a servir para llenar los bolsillos de esos editores-organizadores que tanto han alabado tu obra. Es más, tu desconfianza debe crecer en relación al número de "afortunados seleccionados": a más autores, más ventas aseguradas para la editorial y más probabilidades de que la calidad del conjunto se reduzca.

Sabiendo todo lo anterior... ¿Tenemos alternativas? Bueno, puede que siga pareciéndote que la propuesta tiene un "coste asumible", y aceptar el trato. Pero tu mejor opción debería ser alejarte de ese "premio" y reservar el relato para una ocasión futura, en la que no te obliguen a unas condiciones draconianas. Lo correcto es que te ofrezcan algún ejemplar de regalo y/o que puedas comprar otros a precio reducido; hasta la simple publicación es aceptable (incluso aunque no se te entreguen beneficios sobre las ventas), siempre que desaparezca la exigencia de que te conviertas en cliente de la organización.

Como los lectores más avispados podrán suponer, sí, he participado en una de estas recopilaciones "de pago". Y os puedo asegurar que un evento en el que te están esperando para cobrarte, pero el responsable no se preocupa por saber si has llegado y hablar contigo... no merece la pena. Sobre todo si tu sueño es darte a conocer y hacerte un huequecito en el mundillo, porque ese montón de papel que acabas de pagar no sirve de escalón hacia ningún sitio (salvo, eso sí, para animarte a seguir escribiendo).

viernes, 4 de abril de 2014

Por primera vez, en las ondas

La noticia de hoy es que, por primera vez en mi vida, me han invitado a participar en un programa de radio para hablar sobre mi experiencia como escritor y, más en concreto, sobre la antología de Ácronos 2. La grabación del programa se hizo en Chapinería, en la Taberna Cultural Ithilien (propiedad, como puede que algunos seguidores del blog ya sepan, de Janaceck Jadehierro, participante del primer Ácronos). Un ambiente más que propicio para hablar del Steampunk.

Lo curioso de esta entrevista es que el programa, La Biblioteca Encantada, lo realiza la misma persona que lleva a cabo Castillos en el Aire. ¿Y qué quiere decir esto? Pues que se trata de quienes me otorgaron el que es, hasta ahora, mi único premio literario; hace dos años mi relato ganó el XVI concurso de microrrelatos repentinos, dedicado al tema Dragones y Steampunk.


¿Qué puedo contar de mi experiencia? Pues que fue estupenda. El equipo del programa nos trató genial, Janaceck nos mimó a todos, y la entrevista sirvió para hablar del género, de las influencias que ha tenido, de los campos que ha influenciado, de nuestros relatos en las antologías, de nuestros proyectos actuales... y consiguieron que nos entraran ganas de seguir hablando durante mucho más tiempo. O de volver cualquier otro día.

La Biblioteca Encantada se emite en Radio21 Sierra Oeste, y podéis escucharla hoy Viernes 4 a partir de las 20:30 a través de internet.

Y para los que os lo perdísteis,  ya tenéis el Podcast descargable a un click.

martes, 1 de abril de 2014

Autores Acrónicos: Rodolfo Martinez

El mes de Abril nos trae la Primavera y en Párrafos Perturbados, además, es el momento de presentar a otro de los autores con los que he tenido el honor de compartir páginas en Ácronos 2. En este caso se trata de Rodolfo Martinez, uno de los pesos pesados de la fantasía nacional y probablemente de los más aficionados también a regresar a la época victoriana para reimaginarla.


Se da el caso curioso de que es uno de los pocos autores que he reseñado en el blog, a raíz de leer su Sabiduría de los Muertos, hace ya unos años. Así que ahora es un placer por duplicado el colocarle frente a la lámpara y hacerle responder a las preguntas del Cuestionario. 

1. Cuando pensaste en publicar por primera vez, ¿Qué  te motivó a hacerlo?
Buena pregunta. Y no tiene una respuesta precisamente fácil. Empecé a escribir muy joven, con unos doce años, empujado por las ganas de contar las historias que se me ocurrían y, por qué no decirlo, las de emular a creadores que admiraba, como Asimov o George Lucas (detallemos que mis doce años tienen lugar en 1977 cuando se estrena lo que ahora se llama Episodio IV de Star Wars).

¿Y publicar? Creo que siempre estuvo en mi ánimo. Quizá no de un modo consciente, pero creo que siempre supe que lo que escribía no estaba completo si alguien no lo leía. Estaba contando las historias que había en mi cabeza y tenía claro que las tenía que contar para alguien, aunque fuese un «alguien» del que nunca fuese a ver el rostro.

2. ¿Cómo ha sido, hasta ahora, tu experiencia en el mundo editorial?
En general, positiva. Salvo muy contadas excepciones, siempre he desarrollado una buena relación con mis editores (en algunos casos, extraordinariamente buena), ya se tratase de pequeños editores o de grandes grupos editoriales. De hecho, gracias a todos ellos aprendí unas cuantas cosas que, en los últimos años he intentado aplicar a mi propia editorial, Sportula.

3. ¿Dónde buscas la inspiración para tus obras?
Como una vez dijo Asimov: «en todas partes». Cualquier cosa puede ser el arranque de la siguiente novela: una anécdota escuchada por casualidad, un comentario oído al vuelo, algo que he leído o visto, mi propia vida… Aunque confieso que, en general, uno de los métodos más frecuentes es el de jugar con dos ideas muy distintas y, en apariencia, imposibles de mezclar. Por poner dos ejemplos: relacionar a Sherlock Holmes con los mitos lovecraftianos fue lo que me llevó a escribir, allá por 1993, La sabiduría de los muertos (y, por tonto que suene, tengo el relativo orgullo de haber sido el primero que hizo eso en español y casi diría que uno de los primeros que lo hizo en todo el mundo cuando esas cosas aún no estaban de moda). Y pensar en cómo sería una historia a lo James Bond en un ambiente de fantasía fue lo que me llevó a escribir El adepto de la reina y toda la serie que ha venido detrás. Me encanta mezclar géneros, crear una literatura totalmente mestiza y difícilmente encasillable.

4. ¿Cuál es tu medio favorito? ¿El relato o la novela?
La novela, sin la menor duda. Cuando empecé a escribir, a los doce años, nunca me planteé escribir relatos. En mi mente lo que hacía eran novelas. Novelas, evidentemente, «deshidratadas», resúmenes de novelas podríamos decir, pues no se prolongaban más allá de unas cuarenta o cincuenta páginas. Pero tenían la estructura y la intención de una novela.

Tardé mucho en escribir relatos. Y me cuesta. Me resulta muy difícil concentrar lo que quiero en un relato. Mis historias enseguida empiezan a crecer y a ramificarse.

Siempre he pensado, además, que el relato es un género mucho más difícil que la novela. Una novela puede permitirse altibajos: tiene la longitud suficiente para que, en conjunto, no importe. Un relato debe ser redondo. No hay término medio.

5. ¿Cuánto te han influenciado tus estudios y /o tu profesión a la hora de escribir?
En el hecho en sí de escribir, nada. Y en el hecho de haber escrito, sobre todo al principio, ciencia ficción, también podríamos decir que nada. Ni siquiera tenía una profesión o una idea muy clara de cuál iba a ser por aquel entonces.

En el hecho, en cambio, de que haya escrito un par de novelas cyberpunk y varios relatos del mismo género, diría que bastante, que ser informático ha tenido mucho que ver con eso.


6. ¿Cuál fue tu camino para llegar al Steampunk?
Diría que la pasión por siglo XIX inglés, que me viene, sobre todo, a través de Arthur Conan Doyle y su famoso detective, pero en general de los autores ingleses y americanos de esa época. Siempre me han fascinado porque creo que son los primeros que convierten su estilo en una herramienta al servicio de la historia y son conscientes de que todo cuanto hagan, hasta la última coma que pongan en la página no tiene más propósito que hacer que la historia le resulte impactante e inolvidable al lector. Su prosa es siempre funcional, siempre con un propósito narrativo y eso (que se ha perdido en buena parte de la moderna «alta literatura» donde el estilo termina siendo un fin en sí mismo y no un medio) es algo que siempre me ha guiado como escritor.

Supongo que, también, mi afición por el western desde la infancia puede haber influido en ello.

Y al fin y al cabo, mis novelas de Sherlock Holmes (especialmente la primera y una buena parte de la cuarta) tienen bastante de steampunk. Y ya puestos a reinvidicar, dado que parece estar de modo últimamente, hasta podría decir que La sabiduría de los muertos, mi primera novela holmesiana, publicada en 1996 fue el primer caso de un steampunk español.

7. ¿Tienes alguna rutina diaria para escribir, o te dejas llevar?
Escribo cuando me apetece. Antes solía añadir «lo que pasa es que me apetece casi siempre.» Desde que me he metido a editor eso ya no es tan cierto, porque la actividad editorial me come bastante tiempo que antes dedicaba a la literatura. Pero en lo básico, sigue siendo verdad: escribo cuando me apetece, sin más zarandajas, sin rituales ni preparación ni rutina concreta.

Soy, además, un escritor de brújula, no de mapa: se de dónde parto y tengo una idea muy clara de adónde quiero llegar, pero voy descubriendo las distintas partes del viaje casi a medida que las escribo. Así que, sí, hay una gran parte de improvisación en lo que hago. Siempre con la guía de que quiero llegar a un lugar concreto y preciso, pero sin saber del todo con qué me voy a encontrar por el camino.

8. ¿Qué se van a encontrar los lectores cuando lean tu relato en Acronos 2?
Espero que con un relato poético y evocador que, al mismo tiempo que nos traslada a otra época, nos dice algo sobre la nuestra.

Escribir relatos, como ya he dicho, me cuesta mucho trabajo y tardé bastante en dar con la idea y el enfoque adecuado para éste. Descubrir que, además, es el que cierra la antología, es una responsabilidad enorme.
Espero que guste.

9. Algo que puedas contar sobre tu próximo proyecto literario...
Bueno, en marzo sale en Fantascy Las astillas de Yavé, la nueva novela de mi ciclo de La Ciudad. Se trata de una serie que no guarda relación argumental entre sí, más allá del hecho de que siempre transcurre en la misma ciudad y que algunos personajes pasan de una novela a otra con distintos grados de protagonismo; y, por supuesto, son novelas que se pueden leer independientemente. Es mi intento de hacer fantasía urbana y contemporánea, con ciertos toques oscuros y un uso de mitologías y leyendas tradicionales. Las astillas de Yavé es es una historia que tiene mucho de thriller, de novela de intriga en la que lo sobrenatural va, poco a poco, apareciendo y cobrando importancia.

Y luego está La sombra del adepto, que aún tengo que escribir. Es la tercera novela del ciclo que inicié con El adepto de la reina y El jardín de la memoria. Aquí sí que hay una relación entre las distintas novelas. En este tercera, Yáxtor Brandan, el implacable adepto empírico al servicio secreto de Su Majestad, va a conocer a su némesis. Y quién sabe, a lo mejor hasta es derrotado.

10. ¿Qué libro rescatarías a toda costa de tu biblioteca?
Difícil. Muy difícil. Unos cuantos, la verdad. Pero respondiendo rápido y sin pararme a pensar mucho me viene ahora a la cabeza La colina de Watership, el libro más épico y lleno de amor por la aventura que he leído en mi vida… y que está protagonizado por un grupo de conejos que huyen de su madriguera. Los que conocen el libro creo que entenderán enseguida de qué estoy hablando. Y a los que no, les recomiendo que lo lean. No van a quedar decepcionados.


11. ¿La última novela que has leído y recomendarías?
La corte de los espejos, de Concepción Perea. Un  vistazo al reino de Faerie que ya quisiera Neil Gaiman haber escrito, y haberlo hecho tan bien. Y encima hay continuación prevista.

12. ¿En qué personaje literario te reeencarnarías?
Ni idea. En su momento, cuando era más joven, tal vez habría elegido al joven D’Artagnan de la primera novela de la trilogía de los mosqueteros. Hoy, no sé.

13. ¿Edición tradicional, o edición digital?
Las dos, en realidad. Leo en ebook pero sigo leyendo mucho en papel. Y, como editor, no le hago ascos a ninguno de los dos formatos.

14. Aparte de escribir, ¿practicas alguna otra disciplina artística?
¿Artística? Para empezar, confieso que es un término que no termina de gustarme. En el pasado siglo XX el término «arte» y «artista» se llenó de unas connotaciones elitistas y de arrogancia intelectual que hacen que el término no me resulte muy cómodo.

Prefiero verme como un creador; quizá como un artesano.

No sé si la edición de libros entra en esa faceta. También he sido y soy traductor ocasional. Como veis, todo relacionado con la literatura.

15. ¿Algún sueño que te falte por cumplir, y puedas confesar?
Muchos. En el momento en que a uno no le quedan sueños por cumplir es un cadáver ambulante. Pero no puedo contároslos: tendría que mataros.