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jueves, 28 de enero de 2016

Los "Cuentos Cuánticos" (12)

Continuando con el repaso al proceso de creación de los cuentos incluidos en Ni colorín, ni colorado, hoy le toca el turno al que, según mis elucubraciones, podría relatar el futuro de otro personaje clásico: Jack, el de las habichuelas mágicas.

Lo más interesante del cuento original es que su protagonista resultaba ser un héroe demasiado ambiguo. La conducta del joven que descubría el hogar de un gigante, se dedicaba a saquear de forma sistemática su fortuna y lo mataba cuando se veía descubierto, no debía de parecer un buen ejemplo con el que educar a los niños. Por eso, cuando Benjamin Tabart publicó su versión del cuento a principios del siglo XIX, incluyó el hecho de que el gigante era el asesino de su padre, de modo que el comportamiento de Jack (pillaje incluido) resultase justificable. Sin embargo, y aunque esta versión fue respetada luego, no hizo olvidar la narración original. De modo que una de las caracterizaciones más exitosas en la actualidad (la que se le hizo en los cómics de la serie Fábulas) lo retrata como un buscavidas irresponsable, dispuesto a timar al prójimo a la mínima oportunidad.

Por mi parte, a la hora de enfocar la narración me decidí (como en el caso del epílogo de Aladino) por ese lado gris de su personalidad; el prototipo de "chico de la calle" que pasa de ser un pardillo a convertirse en un ladronzuelo y tiene un golpe de suerte inmenso. De ahí que su versión adulta esté basada en un personaje de novela negra: el timador endurecido por el paso de los años, hasta el punto de no poder ver a nadie de otra manera que como un objetivo de sus trapicheos, y cuya dilatada experiencia eludiendo a la justicia le ha convencido de que nunca le atraparán. Por otra parte, introduje en el relato un elemento que, por lo visto, sólo aparece en algunas de las versiones en castellano: en lugar de un arpa de oro que suena por sí sola, hablan de una caja de la que sale una moneda de oro (en el cuento que escogí la caja producía una moneda cada día, de modo que actuaba como una gallina de los huevos de oro inanimada). Un tesoro en torno al cual gira también parte de la historia, para describir el mayor de los problemas que le encontraba al personaje: su conducta derrochadora (en la versión de Tabart los robos se producen con años de diferencia, a medida que Jack y su madre agotan las riquezas saqueadas).

Al igual que con la mayoría de relatos de la colección, el mundo en el que se ha hecho adulto Jack está más cerca de la versión histórica que de los coloridos universos de los libros para niños. Por eso, el relato acabó convirtiéndose en la narración de la enésima fuga de Jack para librarse de la ley. Una huida en la que repasamos cuál ha sido el transcurrir de su vida, desde el día en que cortó la planta de judías para provocar la muerte del gigante, hasta esa última carrera por seguir eludiendo las consecuencias de sus actos. Por razones obvias no voy a comentar cuál es el resultado de la huida, pero baste decir que se adecua a ese mundo de estafadores que nos han mostrado películas como Los timadores.

Respecto a la opinión de los lectores beta, hay que decir que sus comentarios me empujaron a reescribir bastantes elementos del manuscrito original. Y, sobre todo, a extenderme en la explicación de ese lapso de tiempo transcurrido entre el final del cuento clásico y este "epílogo". Y aunque sea uno de los cuentos más difíciles de identificar (en mi opinión, tampoco es demasiado conocido en el mundo hispanohablante, salvo por la película de 2013), me considero satisfecho con el resultado final. 

Y hasta aquí puedo escribir. Así que toca despedirme, prometiendo nuevos artículos para la semana que viene.

Un saludo. 



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(Aquellos que vayan a leerlo, tengan en cuenta la prescripción facultativa del autor: para disfrutar los relatos en su justa medida, no lean más de dos al día. Igual que las bolsas de caramelos, si se lo tragan de una sentada es posible que se les empache).

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