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martes, 23 de febrero de 2016

"Alif, el invisible" de G. Willow Wilson

Desde hace años, mi pila de libros pendientes de lectura se ha convertido en una obsesión. Nunca me había ocurrido nada similar, porque siempre he leído mucho y a buen ritmo. Pero, a medida que empecé a acumular libros sin leer, se me fue haciendo más difícil atacarlos. Y no porque hubiese perdido el interés por ellos, si no porque suelo guiarme por mi estado de ánimo para elegir qué voy a leer. Según ande mi humor, así escojo literatura detectivesca, épica, libros de viaje, histórica... pero ahora me ocurre que, si tengo ganas de leer, lo primero que hago es repasar la pila de pendientes a la búsqueda de uno que encaje con lo que me apetece (y de hacerla desaparecer). Sólo que lo hago pensando en una obligación más que en un deseo. Y, la mayoría de las veces, soy incapaz de escoger uno. Resultando en que la pila sigue sin menguar.

Digo esto porque Alif, el invisible formaba parte de esa pila de libros y, por lo tanto seréis capaces de imaginar ya mis dudas respecto a lo que podría depararme su lectura (sobre todo, teniendo en cuenta que formó parte del "pack de bienvenida" de la MirCon, lo que acrecentaba la posibilidad de que no coincidiera para nada con mis gustos literarios). Sin embargo, y para dar por terminado este errático soliloquio, os diré que espero que sea la primera de muchas buenas sorpresas literarias.

Sobre la autora, G.(wendolyn) Willow Wilson, decir que me era tan desconocida que, por alguna asociación de ideas extraña respecto a sus apellidos, me había convencido de que era un hombre. Y al investigar sobre su obra descubrí que ha guionizado múltiples cómics y novelas gráficas para las principales compañías de cómics de superhéroes del mundillo. Me sorprendió, sobre todo, averiguar que es la responsable de la nueva versión de Ms Marvel en los cómics de la compañía homónima (una renovación controvertida, porque el personaje pasó a ser una adolescente musulmana con raíces americanas). Pero, a pesar de esa carrera como narradora gráfica, Alif... es su primera y, hasta ahora, única novela. Una pena.


La forma más sencilla de definir Alif el invisible es decir que podría estar escrito por Neil Gaiman: tenemos el mundo real, en la actualidad, unos personajes que no resultan demasiado heroicos... y un universo paralelo, escondido a los ojos de los humanos, habitado por seres mágicos. Estas características, y muy en especial la última, me gustan mucho; así que el sentimiento de "estar leyendo a la fuerza" se desvaneció a medida que fueron haciéndose presentes. Por supuesto, Willow Wilson tiene sus propias características y la novela no se limita a ser una imitación al estilo del autor de Neverwhere. Pero quería empezar con esta observación, porque sus seguidores podrán imaginarse muy bien la clase de historia que se oculta en sus páginas.

El principal interés de la trama reside en el espíritu revolucionario que impregna el fondo de su lectura. El protagonista, Alif (aunque este es sólo su alias), es un adolescente convertido en hacker en un país árabe (de cuyo nombre Willow Wilson no quiere acordarse), dirigido por un emir y controlado a niveles de un estado policial. En esa tesitura, este joven genio de la informática se dedica a colaborar con cualquiera que desee escapar al escrutinio de la censura digital, hasta que su vida se ve puesta patas arriba por dos razones: la chica de la que se ha enamorado le deja, y un poderoso artefacto místico es puesto en sus manos. Un objeto que el villano de turno anhela para poder estrangular de forma definitiva cualquier voz crítica, ya sea en el mundo real o en internet. Todo lo cual ha hecho que haya quien encuentre paralelismos entre las posturas políticas mostradas por sus protagonistas y los movimientos de la Primavera Árabe.

Hay un detalle que quizá merezca la pena incluir: William Wilson es musulmana, y eso la ha permitido escribir la novela desde el punto de vista de un joven criado en los tabúes y las intolerancias religiosas de esa sociedad. De modo que resulta interesante observar a un personaje que, por un lado, se resiste a las injusticias apoyadas por el ideario islámico, a la vez que demuestra en varias ocasiones un enorme orgullo y respeto por él. Un aspecto que se hace de notar de modo muy concreto en el trato con "la conversa", una mujer occidental que les ayudará con su misión, en la cual se vuelcan muchas de esas imágenes estereotipadas de la intolerancia islámica. Sin embargo, y puedo suponer que debido al sexo de la autora, reconozco que los personajes femeninos albergan el deseo de reafirmación y liberación más potente del libro. E, igualmente, nos plantean el problema que supone para una sociedad así el modernizarse sin dar carpetazo a la herencia cultural que les da sentido. La resistencia interna a que el precio por "ser más igualitarios" sea dejar de ser musulmanes.

Aparte del protagonista, la mitad "mundana" de la novela se completa con la muchacha de la que se ha enamorado Alif (y que debería estarle prohibido por su status social), una amiga de la infancia que se ha enfundado (literalmente) en la ortodoxia religiosa, varios personajes del mundo geek y un  viejo maestro del Corán que se verá envuelto en las aventuras de estos jóvenes. A través de ellos, William Wilson nos muestra las contradicciones de esa sociedad situada entre la tradición y la modernidad.

La otra mitad, la sobrenatural, disfruta de la vividez y esa riqueza de detalles mágicos que tan familiares les resultarán a los aficionados a Gaiman. Estoy seguro de que la descripción del Callejón Inamovible, así como La Ciudad de los Pilares, hará las delicias de más de uno. Djinns, Effreites, y otros seres extraídos de la mitología árabe se pasean por allí con toda naturalidad, demostrando una muy variopinta selección de cualidades asombrosas. Incluso se hizo un concurso en la página oficial del libro, para diseñar el aspecto de algunas de esas criaturas.. Y entre todos ellos destaca Vikram; un ser cuyo origen se remonta a viejas leyendas hindúes, jactancioso, grosero e imprevisible, que acabará echando una mano a Alif en sus momentos de mayor angustia.

Por otro lado, aparte de ese mundo sobrenatural e invisible para la descreída humanidad contemporánea, se nos presenta también un tercer plano de realidad: el mundo digital. De ahí es de donde proviene el sobrenombre de Alif (pues su actividad como hacker consiste en hacerse a sí mismo y a sus clientes invisibles), y es en ese mundo de microcircuitos en el que deberá llevar a cabo su batalla para derrotar al causante de todas sus desgracias: el villano conocido como La Mano. Una pelea en la que estará involucrado el control de un poderoso código secreto, oculto entre las páginas de un antiguo libro que se creía perdido.

Así pues, y como colofón, reiterar que Alif, el invisible es una entretenida historia de aventuras, cuya trama entremezcla el atractivo exótico de ese mundo mágico orientalizado con la áspera y asfixiante recreación de un país islámico cuasi dictatorial. Sólo por lo peculiar del punto de vista, merece la pena.

martes, 16 de febrero de 2016

La imprescindible templanza en la promoción digital

Como ya sabrán quienes sigan mis "andanzas" en las redes sociales, a finales del 2015 decidí que iba a crearme una página oficial en Facebook (en la barra lateral derecha tenéis un enlace directo). La razón principal para hacerlo fue el engorro que me suponía mantener la actividad en dos perfiles distintos, uno privado y otro público (y el tiempo que me absorbía). Además, lo que había estado publicando en mi perfil "de autor" no difería mucho de un perfil personal cualquiera (salvo por anuncios de libros publicados o reseñas), y consideré que así me obligaría a tomarme más en serio mi presencia en las redes sociales (además de creer, iluso de mí, que podría deshacerme de uno de los perfiles). Desde luego, no esperaba que eso fuera a catapultarme a la fama, pero tampoco alcancé a prever algunas de las sorpresas con las que me encontré. Y por eso me ha parecido una buena idea compartirlas con vosotro@s,  mientras aún las conservo frescas.

AMIGO NO ES LO MISMO QUE SEGUIDOR.
Para certificar esa máxima, según la cual Facebok es un medio para acaparar amigos imaginarios, el primer problema que se me planteó fue la escasa cantidad de amigos del perfil de "autor" que me siguieron en mi mudanza. Resulta muy llamativa la facilidad con que la gente te solicita que confirmes tu amistad (o viceversa), y lo complicado que es animarles a seguirte. Algo que, al meditar sobre el asunto, imagino que se debe al factor de reciprocidad implícito en la amistad digital. En ese caso, ambas personas aumentamos nuestro nivel de "popularidad digital". Algo que, en el caso de los seguidores, sólo "beneficia" a uno de los implicados.

Así pues, si algun@ de l@s que leéis este articulo os estáis planteando una decisión parecida, tened en cuenta que no podéis considerar como potenciales seguidores más que a una pequeña parte de la lista de amigos. Salvo que des un pelotazo. O te conviertas en Iron Man. Entonces seguro que el ratio amigo/seguidor se incrementará.

LAS ESTADÍSTICAS PUEDEN SER FRUSTRANTES.
Decir que esto fue una sorpresa, en mi caso, es exagerar. Después de seis años manteniendo este blog, ya tengo "callo" en el ego a la hora de valorar las estadísticas. Pero para otros, estoy seguro, puede ser una fuente de frustración continua.

¿Por qué digo esto? Porque, a diferencia de un perfil personal, con la página personal Facebook te ofrece una gran cantidad de datos sobre la interacción que has conseguido: número de visitas a cada elemento publicado, quiénes lo han compartido, su sexo... incluso puedes comparar tus progresos con páginas de contenidos similares. De modo que imagino el nivel de desaliento que puede sufrir cualquiera al comprobar que, de sus cientos de seguidores, sólo una/s decena/s se interesan por lo que publica. Algo que, como bloguero, llevo experimentando durante años, pero hay que estar preparado para afrontar.

Sobre todo, es necesario entender que la página profesional se creó como una herramienta con fines comerciales. Por eso, mi consejo es que te acostumbres a no fijarte demasiado en los informes semanales que te señalan el ascenso, o descenso, de tu popularidad; comparando tu actividad (y el tráfico de publicaciones generado) con la de los últimos siete días. Cifras que están ahí en todo momento, para recordarte lo exitoso (o no) que estás siendo. Una fuente de stress que conviene ignorar.

INTERACCIÓN LIMITADA.
Como ya he comentado al principio de este artículo, cuando hice el cambio a la página profesional estaba convencido de que me permitiría mantener mi actividad en Facebook, en las mismas condiciones que lo hacía con mi perfil personal. Craso error. Enseguida descubrí que, por ejemplo, me resultaba imposible intervenir en aquellos grupos a los que me había unido durante los últimos años. Lo cual, desde mi punto, de vista, es una gran desventaja (y la única explicación que encuentro es que, así, Facebook se aseguró el control de la publicidad, pues todos estamos acostumbrados a eliminar de nuestros muros los perfiles dedicados a lanzar spam).

Todo esto significa que si, como yo, mantienes un perfil privado y otro de "figura pública", deberás crear la página como una extensión del segundo, pero no podrás olvidarte de él, pues el grueso de tu actividad social (comentar lo que publiquen otros amigos, participar en grupos, publicar en el muro de otras personas...) seguirás teniendo que realizarlo de forma exclusiva a través del perfil.

CONTENIDOS.
Para que los demás te sigan, no basta con pedirles que te sigan (de hecho, puedes encontrarte con la sorpresa de ver que has perdido seguidores de un día para otro). Hay que ofrecer algo que mantenga su interés y le de sentido a la página. Y en el caso de páginas de escritores, parece que el contenido que vas a ofrecer es obvio: textos. En este punto habrá quien quiera discrepar, pues autores más asentados no hacen eso. Sin embargo, yo lo recomiendo bajo una perspectiva muy concreta: darse a conocer. Hay que tener en cuenta que, aparte de esos amigos ("imaginarios", o no) que pueblan tu perfil, tus seguidores serán personas que llegarán a la página a través de terceros. Como mucho, lectores de una obra tuya que te han descubierto en Facebook. El resto es probable que te sigan porque les haya llamado la atención algo de lo que has publicado. Pero, como el propósito de una página es vender un producto (en este caso, tu literatura), no estaría de más permitir que sepan de qué eres capaz. Publicar enlaces a cosas que te gustan o te interesen no está mal, pero tu meta debería ir un poco más allá.

Eso sí, cuanto te plantees colgar textos (ya sean completos o fragmentos), debes recordar que el contrato firmado con Facebook le otorga el permiso tácito de usar cualquier material publicado. Aunque sea algo amparado por las leyes de Propiedad Intelectual. La única forma de evitarlo es eliminar el contenido del propio Facebook. Pero, de nuevo (y siguiendo el consejo de una amiga), yo recomiendo hacerlo. Considerarlo "gastos de representación", el precio por afianzar a los seguidores y poder obtener otros (que, al final, son potenciales compradores de lo que escribas).

SATISFACCIONES.
Para que este no sea un artículo centrado en lo farragoso de las páginas profesionales, voy a añadir algún detalle a favor de las mismas (que también lo tienen).

En primer lugar, pondría la satisfacción que da recibir comentarios (o simples likes) de tus seguidores. Y me refiero a esas personas a las que, como mucho, has conocido en la presentación de un libro y que luego se han decidido a seguirte. Sin querer quitarle el valor a los elogios de las amistades, los de los seguidores siempre sabes que están libres del "sentimiento de obligación" que a veces nos afecta cuando se trata de publicaciones de conocidos.

En segundo lugar, también os alegraréis al ver cómo la página va creciendo y expandiéndose. El incremento en seguidores es habitual en las primeras semanas, y con él la mejora de tus estadísticas. Lo cual, hasta que la situación "se normaliza" y los números dejan de crecer tan deprisa, sirve de acicate para trabajar en los contenidos. O en estrategias para aumentar la interacción de tus seguidores.

En tercer lugar, recomiendo ser realista. El mayor escollo de la promoción literaria es que las redes sociales están dominadas por lo visual. Vídeos, memes, ilustraciones... triunfan por la inmediatez de su formato. Poca gente se toma la molestia de leer un texto, por breve que sea, sobre todo si no le llega de una fuente reconocida (léase un autor famoso, un amigo con el que comparte gustos literarios... o una cadena de mensajes con alguna historia lacrimógena de superación). Así que cada like o comentario es un triunfo, sobre todo si logras que esa persona lo haga de forma habitual. 

Y eso es todo. a grandes rasgos. Confío en que os pueda servir de algo si estabais pensando en crear una página en Facebook, o para buscar nuevas perspectivas desde los que trabajar con ello si ya la tenéis. 

Un saludo.

jueves, 11 de febrero de 2016

Los "Cuentos Cuánticos" (14)

Encaramos ya la recta final de esta sección, con los últimos tres relatos de Ni colorín, ni colorado que faltan por "diseccionar". Y siguiendo con la alternancia entre las dos secciones que componen el libro, hoy le toca el turno a lo que mi imaginación fantaseó sobre la versión adulta del muñeco de madera más famoso del mundo: Pinocho

De forma similar a lo que ocurrió con mi versión de El libro de la selva, el relato que se publicó fue el resultado de varias correcciones y modificaciones al texto (aunque menos sustanciales que en el caso de la historia de Mowgli). La idea principal surgió al considerar el origen del personaje: un muñeco de madera que cobra vida gracias a la magia, y que sólo al aprender a ser un buen hijo consigue ser transformado en un niño de carne y hueso. La influencia de la magia en su vida era tan importante que, de seguro, le habría dejado una impronta imborrable. Pero, además, contaba también con el detalle de ser uno de los clásicos más "modernos" que se han escrito, ya que se publicó a finales del siglo XIX. Y , al igual que en el caso del Libro de la selva, decidí que sería una buena idea aprovechar esa época a la hora de ambientar la trama. Aunque, dado que iba a crear una versión adulta, lo que hice fue avanzar un poco en la historia. Y así es como acabé por situar la historia durante la Primera Guerra Mundial.

Desde el principio tuve claro también que quería escribir una historia de terror, de modo que empecé a combinar los elementos que había escogido: el escenario bélico, el personaje cuya vida ha cobrado sentido gracias a la magia, y ese voto de "ser bueno" que le había permitido cumplir con su gran sueño. Un cóctel al que añadí de inmediato el principal componente de varios de estos epílogos: el trauma psicológico. Sólo que, en lugar de buscarlo en su pasado, preferí desarrollarlo como la consecuencia natural de enfrentarse al horror de la guerra (forzando un tanto la situación, pues Collodi no ubicó el pueblo de Pinocho en ningún lugar conocido y el frente italiano se limitó a una pequeña parte del norte del país).

Algo curioso de este relato es que existen dos versiones publicadas. La primera, escrita desde el punto de vista de un soldado herido que busca refugio en su antiguo pueblo, formó parte de una recopilación de relatos de terror. La segunda, recogida en Ni colorín, ni colorado, la escribí al considerar que ese punto de vista no ofrecía la suficiente contundencia. De modo que desplacé la cámara y mudé la voz del narrador para que el lector pudiera ver el mundo desde la enturbiada perspectiva de su anónimo protagonista, que sólo se revela en el momento final. En esa escena procuré condensar la imagen de la locura provocada por un horror inimaginable. Esa lógica imposible con la que la mente de una persona intenta convencerse de que no ha ocurrido nada malo.

El resultado final fue, al igual que con las versiones de Peter Pan o Mowgli, bastante satisfactorio. Su desarrollo consiguió el efecto impactante que me proponía cuando lo redacté. Y, salvo algunas anotaciones por parte de los lectores beta sobre elementos que podían dar pie a confusión, apenas hubo que hacer ningún retoque al manuscrito. Un éxito que se ha repetido después en algunas de las reseñas; aunque, a título personal, debo decir que se queda en la zona "intermedia" de mis favoritos.

Un saludo.



(Ni colorín, ni colorado se puede adquirir en formato físico o digital en Amazon. Y si vives en Madrid y prefieres echarle un ojo antes, pásate por Generación-X Carranza).

(Aquellos que vayan a leerlo, tengan en cuenta la prescripción facultativa del autor: para disfrutar los relatos, no lean más de dos al día. Igual que las bolsas de caramelos, si se lo tragan de una sentada es posible que se les empache).


jueves, 4 de febrero de 2016

Los "Cuentos Cuánticos" (13)

Continuando con la descripción del proceso de escritura de los relatos contenidos en Ni colorín, ni colorado, hoy llega el momento de repasar qué se me pasó por la cabeza a la hora de desarrollar mi versión alternativa de uno de los grandes clásicos infantiles: Blancanieves (del cual recomiendo la lectura del artículo en la Wikipedia, en el que se rastrean los hechos reales que pudieron inspirar a los Hermanos Grimm para la escritura del cuento).

Es este caso, la idea para enfocar la narración estuvo clara desde casi el primer minuto; me bastó con reducir su trama a la historia de una princesa por una madrastra a la que le obsesiona conservar su aspecto para pensar de inmediato en un género muy concreto: el del thriller con psicópata. La única diferencia de entidad con las típicas obras de esta clase residió en la ambientación histórica, que salvo raras ocasiones suelen transcurrir en el siglo XX, y que yo preferí ubicar en la época victoriana (lo cual sirvió para evitar excesivas similitudes con las versiones de Rapunzel y el Soldadito de Plomo).

Por otra parte, pensé que el mejor modo de representar una historia así sería centrarme en el personaje del psicópata. Por eso, el borrador de sinópsis que tenía guardado para el momento en que empezase a escribirlo decía algo así como "el detective se entrevista con la madrastra". Y cuando me puse delante del cuaderno, pensando en cómo plantear la escena, me vino a la mente un ejemplo clásico (por no decir paradigmático): el primer encuentro entre Clarice Sterling y Hannibal Lecter. De modo que me puse a escribir, cambiando el aterrador psiquiátrico por una de esas sórdidas (y aún más aterradoras) cárceles victorianas; rumiando la mejor manera de hacer que la malvada reina pudiera acercarse a esa imagen aterradora de la presentación del doctor Lecter. 

Siendo una de las primeras veces que caracterizaba a una mente trastornada, el resultado fue bastante bueno. Y además me siento orgulloso de no haber creado un clon de Hannibal, si no que logré ceñirme a la idea de villano obsesionado que quería plasmar. Una opinión que me confirmaron las críticas de los primeros lectores, bastante positiva, que coincidían en haber disfrutado con la ambientación del relato y la manera en que se había representado la personalidad desquiciada de la reina (comentarlo aquí sería arruinar el misterio para quien no lo haya leído, pero ha gustado mucho cómo conseguí incluir el espejo mágico dentro de sus delirios). Un logro que me dio la confianza necesaria para enfrentarme con la creación de los psicópatas que han venido después en relatos posteriores.

Y hasta aquí puedo escribir. Así que toca despedirme, prometiendo nuevos artículos para la semana que viene.


Un saludo.


(Ni colorín, ni colorado se puede adquirir en formato físico o digital en Amazon. Y si vives en Madrid y prefieres echarle un ojo antes, pásate por Generación-X Carranza).


(Aquellos que vayan a leerlo, tengan en cuenta la prescripción facultativa del autor: para disfrutar los relatos, no lean más de dos al día. Igual que las bolsas de caramelos, si se lo tragan de una sentada es posible que se les empache)



lunes, 1 de febrero de 2016

Entresijos Editoriales: Charles Athman (La Pastilla Roja)

Para cumplir con las tradiciones, empieza el mes y eso significa que, en este blog, es hora de leer una entrevista. Y, como ya anuncié a principios de año, el 2016 está dedicado a esos sellos editoriales que no todos conocéis. En este caso, le toca el turno a La Pastilla Roja y a su cara más visible, Charles Athman. Tanto si os gusta la ficción y el terror como lectores o escritores, os conviene escuchar lo que hemos conseguido sonsacarle en este árduo interrogatorio.


1. Defínete como lector. Gustos, influencias... 
Pues ante todo, diría que soy un lector constante y bastante ecléctico. Pese a que me he movido siempre dentro el género fantástico de forma pública, lo cierto es que mi formación como lector se ha forjado a través de cualquier tipo de obra que llegase a mis manos, independientemente del género. Considero que un buen lector debe leer de todo para formarse, para disfrutar y aprender. Si tuviese que citar algunas lecturas que han hecho de mí quien soy, mencionaría los clásicos como Julio Verne, Emilio Salgari, Mark Twain y Lewis Carroll, a los dispares Manuel de Pedrolo, Raimon Esplugafreda y Joan Manuel Gisbert , a los westerns "de a duro" de Silver Kane, Clark Carrados y Lou Carrigan, a las hazañas bélicas de Sven Hassel, los excelentes horrores de Poe o Lovecraft, Clive Barker y Dean Koontz y aunque sea un tópico, al inconmensurable Stephen King, alguien de obligada lectura para todo aquel que quiera escribir terror y aprender a construir personajes. Si hablamos de autores más actuales, la lista sería interminable… Desde Somoza a Brent Weeks, de Toni Hill a Brandon Sanderson, de Bueso a Tim Powers, de Rodolfo Martínez a Pratchet o de Claudio Cerdán a Rothfuss

Aunque no solo de libros se nutre el hombre y mis influencias beben también de otros medios como el cine, las series, los comics y sobre todo, de los videojuegos. Creo que todos ellos, a su manera, han condicionado mis gustos, mi forma de entender cómo se debe contar una historia.

2. ¿Qué te empujó a crear un sello editorial?
Bueno…Yo diría que fue casi algo inevitable, un simple paso evolutivo, si me permites la expresión. Empecé como lector voraz, seguí como miembro del staff de un foro dedicado al fantástico y la literatura, poco después abrí un blog de reseñas y allí nos dio por organizar concursillos de relatos que después publicábamos en digital y total, llego el momento en que uno se plantea si ir más allá, liarse la manta a la cabeza y hacer algo serio con todo eso. Para mí no deja de ser otra faceta más dentro de mi incursión en el ámbito literario, un hobby que se me ha ido de las manos. Si no fuera por el equipo que forma la Pastilla Roja, con William E. Fleming al frente de maquetación y redes,  Bea Magaña como correctora, Néstor Allende como ilustrador y diseño de portadas y David Rozas (que a día de hoy ya no trabaja con nosotros, pero sigue siendo de la casa) y de José Antonio Campos como coordinadores, esto no sería posible y la editorial no existiría.

En la editorial tenemos claro lo que nos gusta como lectores, así que apostamos por crear antologías temáticas de relatos, donde descubrir a nuevos autores y ofrecer una oportunidad a los noveles, mientras afianzamos a aquellos que ya tienen cierto recorrido. Nos gusta el relato corto, nos gustan algunos temas en concreto y decidimos cimentarnos en eso para construir nuestra línea editorial. Por supuesto, hemos aprendido mucho, a base de tropiezos, de ensayo y error y la forma de trabajar ha ido también evolucionando, hasta lo que es a día de hoy nuestra pequeña editorial.


3. Autopublicación, piratería... ¿No es un momento arriesgado para embarcarse en esta aventura?
Si, lo es. De hecho, nosotros estuvimos a punto de cerrar puertas a los dos años, incapaces de  mantenernos a flote. Fue un momento duro, un punto de inflexión que nos hizo replantearnos nuestro papel y asumir el lugar que nos corresponde. A día de hoy, solo trabajamos sobre pedido, bajo demanda en lo referente a libros físicos, en papel. No podíamos asumir más perdidas y las opciones eran estas: O trabajar a través de plataformas como Amazon, Create Space, Barnes & Noble, Lektu y similares o echar el cierre. Y de momento, aquí seguimos, con nuestras carencias y nuestras limitaciones, pero en la brecha e intentando seguir respirando. 

El Hágalo Usted Mismo no es el Mal, no nos equivoquemos. Pero es que hay que diferenciar entre la autopublicación y la autoedición. Cuando subes a la venta una obra que ni ha sido testeada por alguien con un mínimo de criterio, ni revisada, ni corregida, ni bien maquetada y con una ilustración sacada de Google, no puedes esperar que el lector crea en ella. Hay que trabajar, cribar, pulir y mimar la obra. Una vez encuentras algo que vale la pena, hay que convertirla en algo atractivo que invite al lector a disfrutar de la experiencia. Cuando te encuentras ese vertedero que es Amazon, cuesta horrores encontrar una flor en semejante estercolero. Y me consta que las hay, pero sepultadas entre tropecientos títulos inefables. Nuestra labor como editorial es buscar grandes historias, escritas con arte y talento y darles salida de la forma correcta, como de verdad se merecen y como debería ser siempre.

En cuanto a la piratería, hay que aprender  convivir con ello. Ahí no hay opción ni modo de erradicarla. No se le pueden poner puertas al campo y lo asumes o lo dejas.

4. También se dice que hay demasiados escritores y demasiados pocos lectores...
No estoy de acuerdo. Vuelvo a lo mencionado antes… Cualquiera puede escribir, claro. Basta con unir una palabra tras otra y poco más. Pero cuando hablamos de escritores, como un arte y oficio, hablamos de alguien con una base mínima, con un buen bagaje a sus espaldas como lector, con sentido crítico, alguien con talento y dotado de la aptitud y actitud que se espera de aquel que ama las letras y tiene realmente algo que contar.  El resto, tienen de escritores lo mismo que de patinadores: Lo probaron en un par de ocasiones y les gustó, apenas se cayeron unas pocas veces, pero jamás podrán decir en serio que saben patinar. 

En cuanto al tema de los lectores, es cierto que no son suficientes ni tantos como nos gustaría, pero es lo que hay y a menos que nos vayamos a la base del problema y ese es un tema demasiado extenso (las carencias educativas de nuestro país, la falta de campañas por parte de las instituciones, el menosprecio por la cultura en la sociedad que vivimos, etc), el quejarnos no servirá de nada. Por suerte, dentro de lo malo, hay que aclarar que aunque el porcentaje de lectores de género fantástico es muy pequeño, si resulta ser muy, muy fiel y apoya a los proyectos que se presentan con seriedad. Es ahí donde debemos centrar nuestra mirada, en ofrecer algo que al lector le anime a involucrarse, a colaborar, a aceptar el juego y disfrutar. A destacar entre toda la marabunta de títulos disponibles, a tener realmente algo nuevo que contar, de calidad y que sea digno de tener su lugar en la biblioteca personal del lector.

5. Lectores, escritores, editores... ¿Cuánta influencia tienen a la hora de «poner de moda» cierto género?
No creo que seamos nosotros quienes pongamos algo de moda. En todo caso, diría que somos las editoriales y los propios autores los que nos sumamos a las modas para intentar sacarles rendimiento. Véase el género zombie, por mencionar uno obvio… Otra cosa es que los grandes grupos editoriales tengan campañas de marketing tan salvajes como espectaculares a la hora de promocionar un lanzamiento y que eso no solo funcione, si no que como digo, el resto vayamos detrás publicando obras de un estilo similar intentando aprovechar el tirón, dígase Cincuenta Sombras de Grey y la interminable lista de sucedáneos, por citar otro ejemplo evidente.

6. Para publicar en tu sello... ¿Cuentos o novela?
La Pastilla Roja nació con una premisa clara, que era apostar por el relato. De hecho, todos nuestros títulos son antologías temáticas y nuestra forma de proceder es crear un certamen literario con el tema de rigor que nos apetece publicar en cada momento. Nos llega una cantidad abrumadora de textos y, a partir de ahí, echamos mano de un jurado que se dedica a cribar las obras, hasta quedarnos con los trece o catorce que finalmente se incluirán en la antología, una vez revisados, corregidos y tras las labores propias de cualquier editorial. Bien es cierto que acostumbramos a invitar siempre a unos pocos autores ya reconocidos y con recorrido, para incluir también sus relatos y, de este modo, dar un aliciente al lector indeciso que duda todavía de hacerse con el libro.

De todos modos,  el mundo cambia y evoluciona y nos estamos planteando el abrir horizontes, con la publicación de nuestra primera novela, aunque todavía es pronto para hablar de ello.


7. ¿Qué buscas en un manuscrito a la hora de valorarlo?
Sobre todo, calidad y que sea capaz de sorprenderme. Originalidad y golpe de efecto. En el relato corto, no hay tiempo para explayarse, debe ser capaz de llegar al lector sin  posibilidad de error. Ni paja ni relleno, ni enseñando sus cartas demasiado pronto. Un relato debe ser efectista, DEJAR CON EL CULO TORCIDO AL LECTOR, impactarle, conmoverle o hacerle sentir.

8. ¿Cuál es el principal error que cometen los autores al enviar manuscritos?
El hacer caso omiso de las bases y en ocasiones, su nula capacidad de comprensión lectora de las mismas. O eso, o que le da igual y te manda lo que quiere, cuando quiere y como quiere, sin molestarse a tener en cuenta las directrices sobre las que trabaja la editorial. Eso y los mensajes genéricos no personalizados, enviados a la vez a todas las editoriales que se le ocurren. LAS FORMAS LO SON TODO, AMIGOS.

9. ¿Cuál es el libro del que estás más satisfecho?
Sin dudar, te diría que nuestra mejor antología y de la que me siento más orgulloso, pese a los problemas que hemos tenido con ella, es la de No Eres Bienvenido, dedicada a los pueblos malditos, en la línea de lugares emblemáticos como Arkham, Silent Hill, Twin Peaks, Brigth Falls o Castle Rock… Pero hay otra que le anda a la zaga, en este caso un reto absurdo que creamos, que no fue otro que montar una antología en poco más de tres días. Una antología temática, dedicada a la Semana Santa y que fue todo un reto en sí misma. Santa Wiik fue una obra de precisión milimétrica, entre risas, nervios y compadreo y la verdad es que funcionó muy, muy bien.

10. ¿Un/a autor/a que te haya hecho ilusión publicar, o quien te gustaría trabajar?
Son varios los autores que admiro y que han accedido a colaborar con nosotros, cosa que me enorgullece y que les agradezco. Y tantos otros lo harán, espero, en el futuro. Pero me queda la espinita clavada de que Carlos Sisí tenga un rato para participar en alguna de ellas… A ver si en breve puedo quitármela.

11. Un proyecto del que puedas hablar...
Uno muy especial para mí, que saldrá a la luz a finales de año, en lo que lo único que puedo adelantar es que las mujeres serán las que lleven la voz cantante. Una antología escrita exclusivamente por autoras patrias, donde la mujer será la absoluta protagonista y donde el hombre va a recibir lo que se merece…o no.

12. Recomiéndanos una lectura (que no sea de tu editorial).
Imposible dar una sola recomendación. ¿Cómo elegir entre El Libro de Ivo, de Juan Cuadra Pérez y Extraños Eones, de Bueso? ¿Entre Otros Reinos, de  Matheson y El Caballero de los Siete Reinos, de Martin? ¿Entre Cuerpos Descosidos, de Javier Quevedo Puchal y El Sueño del Depredador, de Bribian?